• En esta foto faltan siete de las diez chicas de Herboristería Holi pero las tres representan a todas. Y a Elena, Xabi y Eduardo. / MICHELENA

Teresa Mendiola: «¿Veis? Así quedará la ciudad si no venís a la tienda pequeña»

CIUDADANOS
Más diez chicas, una costurera y dos taxistas

BEGOÑA DEL TESO – Diario Vasco, Sábado, 2 mayo 2020
Más historias de comercios locales que apoyados por la Cámara, la Federación o Fomento, se han lanzado a reinventarse en tiempos del cólera, del virus, de la pandemia. Una herboristería fundada el siglo pasado (1977) por Marian Zuriarrain, Holi. Holi en el Boulevard, Holi en Easo. En primera línea, diez mujeres bravas. Al otro lado de la barrera de seguridad, los clientes, los amigos.

– Antes que nada, necesito los nombres de esas diez chicas que empezaron a reinventarse el 14 de marzo. Aparte de ti, Teresa.
– Carmina, Ana, Miriam, Suzie, Marina (que se nos vino vía Teruel con el Erasmus hecho y enamorada), Amaia (que es de Hernani y se teme que este año no va a ver allá la ‘Azeri Dantza’), Nora, Lorea, Olga y Nayme, nuestra cubana.
– Os he oído nombrar también a Elena. E incluso a dos chicos, Eduardo y Xabi. ¿Quiénes son?
– Elena es la madre de Andoni, la suegra de Marina. Una espléndida costurera. Tan buena que nosotras el lunes 16 ya teníamos mascarillas. Nos las había hecho ella. Con sábanas de algodón que alguien encontró en alguna casa y con cinta roja que otro alguien rebuscó en un garaje. ¿No hablabas tú de ‘reinventarse’? ¿No es la palabra que más se usa cuando nos reunimos (telemáticamente) en las cámaras, las federaciones o las sociedades de fomento? Pues nosotras nos reinventamos desde el mismo 14. Y eso que, lo reconocemos, teníamos miedo, mucho miedo. Pero había que abrir.
En cuanto a Xabi y Eduardo…
– ¿Sí?
– Son taxistas. Amigos. Familiares de alguien, naturalmente. Al principio nuestras entregas a domicilio las hacíamos nosotras.
Pateando nuestro alrededores. Pero cuando ya empezaron a hacernos encargos desde los barrios altos o el extrarradio, pedimos ayuda a Xabi y Eduardo. Como son majos, aceptaron. Además les viene bien, mueven el coche, hacen servicios. Y no sabes cuánto les gusta a muchos de nuestros clientes verles aparecer por su barrio.
– No, no lo sé, así que cuenta.
– Pues eso, que impresiona. No es lo mismo que vayamos cualquiera de nosotras con un carrito que aunque más o menos ‘fashion’ y de materiales sostenibles no deja de ser el de la compra. No es lo mismo que te toque el timbre un repartidor de mensajería, aunque son valientes y eficientes. Sino que de pronto, a pie de portal, se para un taxi que te trae un paquete.
– ‘De rúcula’.
– ¿Qué?
– En argentino millennial y de teléfono móvil significa ‘mola’.
– Y tanto. ¿Ves? Reinvención, todo es reinvención. ¿Sabes cómo conseguimos los primeros guantes?

– Sorpréndenos.
– De las cajas de un tinte italiano, natural, que nos gusta mucho: Montalto. Cada paquete viene con su par de guantes para aplicarlo. Cogimos unos cuantos y sacamos los guantes. Como el producto quedaba incompleto, me llevé las cajas a casa para usar yo el tinte. El problema es que las primeras eran de mi color, castaño, y ahora solo quedan para teñirme de pelirroja. No importa. ¿Qué más da cambiar de color, ¿no estamos…?
– Sí, lo sé: ‘reinventándonos’. No dudo que para aquel lunes negro también tendríais vuestro gel hidro no sé cuantos…
– ‘Hidroalcohólico’. Pues sí. Nos lo preparamos con aloe y aceite esencial de ravintsara. Además de alcohol, por supuesto.

¿Quieres tener sueños bonitos a pesar del virus?
Pon dos gotitas de aceite de mandarina roja bajo la almohada. Y ten en cuenta que no estás tomando el sol así que no olvides la vitamina D.

– ¿’Ravin’ qué?
– Es un buen escudo protector contra agentes patógenos. Pero si no tienes a tu disposición esa planta aromática, usa aceite de árbol de té. También funciona.
– Teníais mascarillas, guantes, gel… ¿qué os faltaba?
– La gente. Todos teníamos miedo. Pero de pronto empezó a pasar como en los cuentos…
– ¿Ah, sí? ‘Érase una vez…’
– Fueron apareciendo. Poco a poco. Por las calles y el Boulevard vacíos. Iban acercándose. Como gnomos. O soldaditos de plomo. Poco a poco. Porque nos necesitaban. Porque les necesitamos. Fue muy bonito. Y lo será más cuando…
– ¿Qué?
– Podamos levantar la barricada, podamos mirarnos claramente a los ojos y no por encima de la mascarilla. En una herboristería y en todo el pequeño comercio, el contacto directo, mi mano que toca la tuya, ese roce, es fundamental.
– Acabemos desde el principio, ¿qué quieres decir en el titular?
– Mira la calle, está vacía, ¿verdad? Sin gente, desangelada, triste. Pues así será siempre si en vez de ir a vuestra tienda de toda la vida, hasta el aceite de mandarina lo compráis en las grandes plataformas.

BEGOÑA DEL TESO – Diario Vasco, Sábado, 2 mayo 2020